miércoles, 25 de julio de 2012

1. LOS ÁRBOLES NO LE HABLAN A LOS CUERDOS


Estoy viéndola desde el otro lado del parque, y no me lo puedo creer. Voy a acercarme, pero no quiero ser vista aún. De verdad…como me ha podido hacer esto, me ha dejado.

Los árboles pueden hablar, y me dicen que no siga, que no vale la pena, pero, estoy loca, los árboles no le hablan a los cuerdos. Pues si estoy loca, vamos a hacer locuras. Me meto la mano en el abrigo para asegurarme de que está ahí. El frío me está cortando en dos, que amarga ironía.

Me acerco, y las hojas secas que han llorado intentan detener mi paso firme.  Firme pero sigilosa, la observo. Congelada, el viento sopla, y la bufanda me intenta asfixiar, hasta que me deshago de ella al igual que de mis guantes. La miro, la miro, ¡LA MIRO!

Me estoy volviendo loca. Los árboles me advierten, me gritan, sangran desesperados; creo que son en realidad el reflejo de mi conciencia. Aún vive dentro de mí, pero toda sensatez se ha ido, la locura se apodera de mi y tengo unas ganas terribles de reir frenéticamente.

Sopla viento, sopla. ¿Te crees que me vas a detener? Me miran, todos los rostros de madera me miran. ¿Dónde estoy? ¿Acaso saben quien soy? ¡Qué más dará todo!

Me persiguen.

La miro. Me acerco.

Me mira extrañada. ¿Acaso no ve mis lágrimas? No hay una disculpa en su mirada… ¿Qué pasa? ¿No reconoce su error? ¿No se acuerda de mi? ¡Soy su amor! ¡Qué pasa!

Me toco una mejilla. Juraría que estaba llorando, pero lo único que noto es mi cara estirada en una mueca rara. ¿Por qué no lloro?

-Te quiero… -y le disparo.

La anciana

-¡Oh! Mi lechuza...
-Estoy viva señora- dijo la lechuza.
-Te vi caer en picado...
-Y caí en picado, pero estoy aquí.
-No deberías estarlo- dijo la anciana.
-No deberíamos estarlo- corrigió el pájaro.
-Vivimos entre los muertos.
-Tal vez estemos muertos y vivamos tras morir- objetó moviendo las alas.
-Tal vez esté muerta, amiga, y mientras todos los muertos pensamos que vivimos- afirmó la anciana mujer.
-Todos morimos al fin, aunque la vida haya sido muerte, y la muerte no exista- levantó el vuelo y se marchó sin más.
-Tal vez sea hora de dormir.- y cerró sus ojos surcados de cansancio y libertad, por matar a la vida que ya muerta descansaba dormitando entre dos sonrisas amargas.